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La cocina Albaceteña  -universalizada y legitimada por Cervantes en El Quijote- es abundante y sabrosa, variada como su geografía y, sobre todo, contundente, pues su origen es eminentemente pastoril, basada en productos de la tierra. Una cocina, aunque sobria, no exenta de originalidad que se traduce en multitud de peculiares y típicas recetas. Muchos de los platos que conforman su amplio repertorio tienen su elemento diferenciador en la condimentación que se les aplica.

Nuestra gastronomía cuenta con cuatro bazas fundamentales:
Alimentos de Castilla-La Mancha
El famosísimo queso manchego, que es el elemento unificador y definitivo de nuestra región, realizado con leche de oveja siguiendo técnicas artesanales con un riguroso control que avala y acredita su autenticidad y calidad; el aprovechamiento de productos naturales: verduras, legumbres, frutas y hortalizas; la abundante y buena caza (mayor y menor) de sus numerosísimos cotos y, por último, unos maravillosos vinos: tintos, blancos, claretes, rosados, ligeros, fuertes, espesos... según el gusto de quien los beba y la comida que acompañen.
La oferta gastronómica de Albacete
La provincia de Albacete recoge la mejor tradición de La Mancha.

Gazpachos manchegos Su gran especialidad son los conocidísimos gazpachos o galianos -cocinados con sus particulares tortas, carne de caza como perdiz, conejo de monte y liebre, jamón, setas, laurel, tomillo-.
No menos conocidos son el atascaburras, plato para comer despacio y reposar después; la perdiz, escabechada o con alubias; la olla de pastor, podrida o de aldea; el pisto manchego y la gran variedad de setas.

El queso frito, para el final, así como la miel con nueces, las hojuelas, las delicias de Almansa y los Miguelitos de La Roda.